Producción de contenidos y acceso libre

Mineral de Pozos
De lunes a miércoles de ésta semana (24-26 de junio) estuvimos en un interesante seminario que coordinó Miquel de Moragas sobre políticas Culturales y políticas de Comunicación y organizado por el Programa de Investigación del Departamento de Estudios Socio Culturales del ITESO. El propósito fue analizar la evolución de estas políticas frente a la convergencia digital y la mundialización. El seminario tuvo tres partes, una por día.

Con el presupuesto de que toda política de comunicación debiera ser también una política cultural y viceversa, la primera parte se centró en las características de estas políticas y de su evolución. En la década de los 70-80 nacen las políticas nacionales de comunicación. Este dato es importante en tanto que, a pesar de que la televisión ya tenía poco más de 20 años de haberse desarrollado, estas décadas, 70 y 80, marcan el primer avance en el uso de Internet, y su expansión empieza en la década de los 90 con el uso de los “navegadores WWW” y los buscadores, de entre los cuales sabemos que se consolidó Google.

En esta misma década, la UNESCO lleva a cabo la Convención sobre la diversidad de las experiencias culturales y en la Agenda Digital Europea se inscribe la Estrategia europea para el desarrollo e implantación de las tecnologías de información y la comunicación. El cambio durante estos años en las políticas estriba en trasladar el énfasis de la emisión de contenidos a la producción de estos. La lógica que sustenta este cambio es que con la red Internet suceden varias cosas antes inéditas.

La primera es que la red, a diferencia de los medios anteriores, hace posible hacer circular un contenido desde prácticamente cualquier lugar del mundo. La segunda es que esto hace que las instituciones culturales se conviertan, ellas mismas por el mero hecho de ser productoras de contenidos, en medios de comunicación, y esto transforma de manera radical el escenario mundial de la comunicación y, por lo tanto, de las políticas culturales y de comunicación.

La segunda parte del seminario incluyó un recorrido por las corrientes teóricas que han incidido en las políticas de comunicación y cultura: un recorte interesante y claro que inicia en Webster y Matelart, pasa por Benjamin oponiéndose a Adorno y la Escuela de Franckfurt; siguiendo a Ricoeur, De Certeau y Gramsci, al igual que a Bordieu y Freire, aceptando cierta influencia de Toffler con su Tercera Ola. Con Negroponte como el representante más descarado del nuevo neoliberalismo digital y Castells retomando en los estudios sociológicos de la red la tradición del análisis de lo urbano, con lo que nos tuvo atentos durante las décadas de los 60-70, y Martín Barbero como la mirada latinoamericana sobre estos temas.

La tercera parte fue una especie de diálogo entre Castells y Martín Barbero y relectura de sus textos a la luz de esta perspectiva, donde a Castells lo muestra como “MacLuhaniano”, sin citarlo una sola vez y recalca, sin abundar, en los cambios que Castells ve a raíz de la Internet: los espacios de flujos y los tiempos simultáneos que dotan a los nodos altamente conectado de un gran poder para transformar las mentes de las personas; y aquí, la novedad en Castells parece ser la inclusión del ámbito neurocientífico y psicológico en la configuración de la sociedad. De Martín Barbero, con quien se siente más afín, muestra tres cosas: 1) que cambia los puntos de vista de las teorías dominantes al des-hacerse de la fascinación científica del funcionalismo, de la inercia dogmática de la escolástica marxista y del estructuralismo semiótico francés; 2) que establece nuevas y creativas relaciones entre comunicación y cultura, y 3) que aporta a estos estudios la experiencia cultural, política y vital de los pueblos latinoamericanos.

Cierra el seminario afirmando que la globalización pone en juego la circulación de productos en un contexto de descentralización que concentra poder económico y una desterritorialización que “parece” hibridar las culturas.

Al final de estos tres momentos, y agradecido con Miguel de Moragas por lo que compartió, pero también extrañando la problematización de otro conjunto de problemas en boga relacionados con la red, la producción de contenidos y el acceso a la información, como los movimientos surgidos recientemente en Turquía y Brasil, el caso de Wikileaks y la reciente esfumada de Snowden o el temible PRISMA. Difícil tratar todo esto en tan poco tiempo.

Me quedo con la pregunta, quizás ya la propuesta sobre el modo de plantear políticas sobre las diversas infraestructuras de acceso a la información. Se habla de las carreteras de la información (o se hablaba) pero se asumen como carreteras privadas y de peaje; ¿cómo formular una política para que las carreteras y los nodos que conectan se pongan a disposición de todos? Por otra parte, están los grandes conductores de los flujos que transitan por la red: Google, Facebook, Twitter y otros más; y me pregunto ¿cómo podríamos formular una política que los hiciera bienes públicos? Unos donde cada quien puede decidir las claves con las que accede o busca información. Se trataría de una propuesta que va más allá del ámbito de la nación-estado en tanto que estos gigantes son de orden mundial, ¿vale la pena? Si sí,  ¿cómo hacerlo?

Publicado por

Francisco Morfin Otero

Profesor en ITESO: las TIC y la Educación, el impacto social de las TIC

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