Preguntas en la LCE

Hoja-Santa-acuyo-Piper-AuEste martes pasado tuvimos nuestro primer coloquio en el Seminario 1 de la Licenciatura en Ciencias de la Educación. Cada alumna de la carrera elaboró una argumentación contextual para dar marco a un apregunta que lanzó a todos los participantes. Tuvimos dos momentos de presentaciones y al final de cada uno todos los demás podíamos participar con una breve intervención (las mías no fueron tan breves, aunque hice el esfuerzo).

El primer bloque trató, sobre la base de las dinámicas de deshumanización que genera la competencia, el consumo como sentido de la vida, la automatización excesiva, incluso de las relaciones humanas, la dependencia tecnológica, el afán de acumulación excesiva y su asociada sobreproducción y el ensamblaje de cada humano en una gran maquinaria mundial, sobre la base de estas dinámicas, decía, se preguntaban cómo la educación puede contribuir a crear grupos sociales que contrarresten estas dinámicas en aras de un mundo donde podamos vivir bien.

Mi primera reacción frente a estas preguntas fue decir que hay muchas maneras de responder y que cada una de ellas, además de no poder ser única, requiere de un contexto explicativo que dé sentido al curso de acción que se desprende de ella. Me llamó la atención esto porque esta es una manera de definir lo que es una buena pregunta, es decir, que son preguntas a las que vale la pena dedicarle reflexión, estudio y tiempo para responderlas.

Entre los argumentos que se expusieron para dar forma a las preguntas hacían referencia a la historia de la humanidad, como si esta fuera un proceso con dos vertientes simultáneas y paralelas, una con dinámicas de humanización y otra con dinámicas de destrucción. normalmente derivadas de los desarrollos tecnológicos. Quizás otra manera de ver esto es asumir que los problemas con los que nos enfrentamos los hemos creado nosotros mismos dando solución a otras situaciones anteriores o proponiendo un modo de hacer específico. En todos estos casos hemos desarrollado artefactos tecnológicos y, quizás, lo que vemos como problema no es sino el producto de un modo específico de emplear esa tecnología: la producción intensiva, sin cuidado de la tierra y para beneficio personal, por ejemplo. Esta reflexión me hizo recordar que Víctor Toledo, hace unas semanas, nos decía que los microcultivos eran suficientes para alimentar a toda la humanidad, que no era necesaria toda la infraestructura de bioproducción intensiva, y que ésta lo único que hacía era destruir la tierra.

El otro conjunto de preguntas giró específicamente en torno de la relación de la posible humanización y las tecnologías de la red. Las participantes veían un proceso de individualización que alejaba a unos de otros, acompañado de un incremento en la ignorancia derivado de la abundancia de información. Interesante punto, este último, ya anotado en algún momento por Brey en su  texto La sociedad de la ignorancia. ¿Cómo contrarrestar la avalancha de información, rodeada de memes y de propaganda escondida en historias que buscan hacernos querer cosas específicas y ser de determinada manera?, diría Castells en Comunicación y Poder.

Hasta ahora, el único modo que creo que puede ayudar en la construcción de la autonomía empieza por trabajar cada quien su Ambiente Personal de Aprendizaje (APA o PLE por sus siglas en inglés), Adell escribe un buen libro que lo explica, para aprender a aprender y convivir con la red. Asa Brigs tiene un buen libro De Gutenberg a Internet donde explica, entre muchas otras cosas,  el temor que cada medio ha generado en la población, hasta que el grupo social parece haber aprendido a usarlo.

En todos estas situaciones es posible identificar el modo en que la educación, en todas sus dimensiones y escenarios implica movimientos en las personas hacia la construcción de acuerdos comunes, convenciones que convienen a todos en un momento específico para vivir de la mejor manera posible, y este el, a fin de cuentas, el sentido de las propuestas educativas.

Son muchas las cosas que se me agolpan en la cabeza con estas preguntas, por eso les agradezco que las hayan pensado y preparado. Tenemos material para seguir una larga conversación.

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¿Y ahora, qué hacemos?

Esta semana hemos tenido varios encuentros interesantes en el Simposio de Educación y Semana de Psicología en el ITESO. De manera paralela, en #Change11, Stephen Downs trabaja el tema del conocimiento como red y de la red como un constitutivo de la persona.

En el Simposio participé en un “coloquio” sobre las redes sociales, la educación y el aprendizaje a lo largo de la vida. Pensando en el tema, me pareció conveniente imaginar algunas cosas que los profesores podríamos hacer para por una parte entrar a este mundo que por virtual no deja de ser mu real. Vamos, me encontré con que (y aquí mi presentación), una incertidumbre ronda nuestras aulas, es una legítima y real; una que creo urgente y conveniente atender, que se traduce en una problemática cotidiana, compartida y retadora: sabemos que el mundo ha cambiado y que eso significa comenzar a pensar y actuar de manera diferente nuestro papel como formadores; un problema que se quiere resolver desde diversas instancias y con múltiples estrategias: el Programa Nacional de Educación Básica de 2009, en México, apunta la necesidad de formar en los alumnos las competencias para la participación en los medios sociales electrónicos. Los gobiernos (nacional y local) llevan a cabo grandes esfuersos y desarrollos cada sexenio en este sentido (entre lo que podemos mencionar la Biblioteca digital, Enciclomedia, Habilidades digitales Para Todos); de la misma manera, se invierten enormes energías y recursos económicos para capacitar a los profesores en el uso de estas herramientas y entornos de aprendizaje; por otra parte están los desarrollos del Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa en el campo de los Objetos de Aprendizaje. Todos estos proyectos atienden el problema; sin embargo, la incertidumbre cotidiana (que en ocasiones llega a ser angustia real y declarada) de los profesores sigue incólume. podríamos pensar en actuaciones que ayuden a resolver esto en la vida cotidiana, no a nivel de sistema educativo. Es probable que podamos encontrar las estrategias, situaciones, mecanismos y andamiajes adecuados para ayudar a nuestros alumnos del siglo XXI a crecer como personas y aprender a vivir la vida en un siglo con características no imaginadas con anterioridad.

Nos encontramos (quizás de repente) con un mundo que se vive en buena medida de manera digital, no es ocioso hablar del “Internet de las cosas”, es decir, de ese conjunto de objetos que cargamos y con los que actuamos, conectados de alguna manera a la gran red, y que nos conectan con otras personas, nos acercan a infinidad de documentos, en diversos medios, y donde conversamos y aprendemos.

En este enorme escenario de actuaciones en conexión nos damos cuenta de que en la diversidad de opiniones y experiencias surgen el conocimiento y el aprendizaje, de manera que resulta conveniente establecer relaciones a través de la red porque ahora es más importante que nunca el aprendizaje continuo a lo largo de la vida.

Desde hace ya mucho tiempo sabemos que nadie se educa solo y que nadie educa a otro; sino que nos educamos unos a otros a través de la convivencia, las conversaciones y el hacer juntos. Las redes sociales expanden las opciones relacionales y, por eso mismo, las alternativas para aprender; así pues, el profesor, al dejar de ser la persona que sabe, pasa a ser la persona que puede coordinar un proceso de aprendizaje. Por esto, también, la competencia de aprender a aprender es la básica para la vida.

Frente a este escenario es normal que nos hagamos la pregunta del inicio ¿y ahora, qué hacemos? es decir, ¿cómo podemos ayudar mejor a nuestros alumnos a aprender y a aprender a aprender?

Se me ocurren dos cosas que me parece que abren el abanico de posibilidades tanto para los profesores como para los alumnos. La primera de ellas es pensar en formas para proponer el aprendizaje “enactuado”. Un ejemplo que me ha ayudado para comprender el concepto es aquel cuando aprendemos a andar en bicicleta (creo que Francisco Varela habla de él). La persona que nos “enseñó”  no nos dijo cómo se hace para lograr el equilibrio entre el balanceo del cuerpo y cada pedaleada; más bien, nos subió a la bicicleta y nos ayudó a observar lo que iba sucediendo a medida que avanzábamos hasta que sin darnos cuenta habíamos aprendido a andar en bicicleta.

Otro que me gusta consiste en el ejercicio de pedirle a los alumnos que tomen fotografías de algo sobre lo que se va a trabajar: un viaje, el barrio, la casa, la escuela, algún tema en particular y que construyan y narren la historia con esas fotografías; que las cuenten entre sí para, a través de compartir, reconstruyan otras narraciones, para que al poner juntos sus observaciones puedan imaginar otro escenario. el “Internet de las cosas” lo podemos utilizar como apoyo para un montón de procesos de construcción colectiva como este.

Para hablar de la segunda cosa que se me ocurre ( a mí y a otros muchos), tengo que dar una rodeo preguntándome ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿en qué mundo nos encontramos? ¿Qué y cómo conviene enseñar… o conviene que aprendan? Las respuestas tendrían que ser muy amplias; mejor hago aquí un recorte y abreviación.

Peter Wheller habla de una parte del escenario: nos encontramos en un mundo saturado de medios y de información: el fenómeno del acceso ha cambiado… de un mundo en donde el acceso al saber de las personas se dificultaba ya sea por la distancia o por los costos editoriales, a un mundo donde se puede acceder a la información de manera instantánea y sin moverse, a costos relativamente bajos y de manera gratuita… el impacto  en (y reto para) la educación está en que ahora podemos (y tendremos que) pensar e imaginar procesos de aprendizaje en la abundancia; es decir, de un estado donde buscábamos ofrecer al alumno la mayor cantidad posible de información (a sabiendas de que siempre era poca), a un mundo donde es imprescindible saber clasificar y calificar la información que nos llega y a la que accedemos.

Pero no sólo es el acceso a la información (por cierto, información variada y expresada en diferentes medios), sino que la producción se ha simplificado en el mundo digital y su difusión es automática.

Un estudio financiado por la Fundación McArthur, y coordinado por Henry Jenkins, en aquel entonces director del Programa de Estudios Comparativos de Medios del MIT, identificó once competencias para vivir en una Cultura Participativa atravesada por medios digitales:

  • Jugar
  • Desempeñarse
  • Simulación
  • Apropiación
  • Multitarea
  • Conocimiento distribuido
  • Inteligencia colectiva
  • Juicio
  • Navegación transmedia
  • Enredarse
  • Negociación

Estas competencias no sólo hablan de una persona que es capaz de vivir en una cultura participativa atravesada y saturada por medios; sino que habla sobre todo, de una persona que es capaz de aprender a aprender en ese mundo mediático y mediatizado; y por consecuencia, también de un profesor que es aprendiz en la red y en red.

Así pues, estoy convencido de que para poder imaginar situaciones o escenarios de acción concretos que ayuden a nuestros alumnos a aprender a aprender , es necesario descubrirnos a nosotros mismos como participantes y aprendices en estos medios.

Entonces, la segunda (de las dos cosas que se me ocurren para empezar a hacer en este mundo saturado de medios) consiste en favorecer que los alumnos construyan su propio Ambiente Personal de Aprendizaje (APA o PLE, por sus siglas en inglés) de manera que poco a poco vayan logrando una independencia razonable respecto de las propuestas formativas institucionalizadas y rígidas. Esto cuestiona, sin duda, a las instituciones educativas en general; pero, por ahora, lo más importante es que cada profesor construya las estrategias para aprender en red y animar a sus alumnos a hacerlo.

Muestro aquí un PLE que hice en función del proceso que normalmente seguimos para aprender algo.

Aprender en la no escuela

Wagrain, una ciudad turística en las frondosidades de los Alpes austríacos, vive a ritmo lento”, así empieza Carlo honoré el segundo capítulo de su libro “Elogio de la lentitud”; más adelante nos relata que cada año se reúnen en este lugar personas de distintos lugares para celebrar el movimiento por la lentitud. Un eslogan que apareció en una de esas conferencias decía “se comienza cuando es el momento adecuado” y en ocasiones, antes de iniciar algún encuentro deciden salir para “volver a pasear a la tortuga”. Este movimiento se pronuncia por un mundo que se resista a las demandas de rapidez de nuestros días, es un concepto que emerge en Europa y que empieza por valorar la comida de preparado o cocción lenta, así como el diseño lento. Asumen que la lentitud es el modo de lograr una vida sustentable como futuro deseable.

Para Geetha Narayanan (#change11), es una pedagogía que implica darle al alumno el tiempo para absorber, hacer introspección, contemplar, argumentar, rebatir y gozar una idea o experiencia, un problema o reto. Narayanan se ha dedicado a establecer nuevos modelos para instituciones educativas.  En la Conferencia Mundial de Sydney en 2006 afirmó que la reforma educativa en todo el mundo es imposible si la queremos imaginar y llevar a cabo a través de cambios de primer orden, es decir, cambios a través de reorganización o reestructuración de los componentes donde el centro está en la eficacia o los cambios en cualquier nivel que ponen el centro en la eficiencia. No nos queda otra alternativa, dijo, que hacer una reforma a través del diseño: diseñar un nuevo sistema que soporte y apoye la transformación personal y social, en esto consiste el aprendizaje del siglo XXI. Eso es lo que busca con el “Project Vision”.

Se trata de crear escuelas, o más bien no-escuelas, pequeñas en donde la relación entre profesores y alumnos no exceda al de 1:10. Estas no-escuelas contiene cuatro componentes:

Los centros de aprendizaje. la comunidad es representada como un espacio en términos de las interacciones y experiencias, y como un lugar en términos del centro de aprendizaje. Es una construcción modesta dentro del barrio. El segundo elemento está compuesto por “nodos” de aprendizaje, lugares especializados: talleres, medios, diseño, manualidades y tecnología, ciencia, museo comunitario. Unos donados por terceros, otros ofrecidos por el gobierno. El tercer componente se compone de las afueras (las expediciones urbanas y al campo) donde los estudiantes tienen la oportunidad de caminar, escalar y vivir otros retos físicos y emocionales. Se usan también para silenciar. El último de los componentes es el que sirve para enredarse y hacer comunidad… son espacios para la colaboración donde se alternan actividades en la red mundial y en la comunidad.

La pedagogía, en lugar de ser centrada en el estudiante y dirigida por el profesor, es negociada con el estudiante y enmarcada por el profesor. El proceso de aprendizaje está basado en proyectos y diseño y en su centro está la belleza y el ritmo, la estética y la ética. Se trata de aprender por y a través del diseño, usando las artes como modo para ver, mirar y contar.

La propuesta de Narayanan pareciera no tener cabida en una sistema formal de educación, por eso afirma que la reforma es imposible; sin embargo, se trabaja en la escuela Mallya aditi desde hace 25 años. Por otra parte, pareciera difícil la combinación entre la propuesta de aprendizaje lento y el uso de las tecnologías de información y comunicación. Para ello, Narayanan aclara que “ser fluente en tecnología es una necesidad”; dejarse llevar por las demandas de la premura y el incremento de la velocidad  en la percepción de las cosas implica un determinismo tecnológico que no ayuda en la construcción de los humano como tal.

Las decisiones para el aprendizaje en un sistema complejo

Dentro del campo de la Gestión del Conocimiento, Dave Snowden desarrolló el modelo Cynefin que, en sus palabras puede traducirse como habitar; consiste en un marco para la toma de decisiones que lo ha aplicado en contextos organizacionales. La historia del desarrollo del modelo se puede encontrar en http://www.cognitive-edge.com/articlesbydavesnowden.php. Una explicación sobre la misma en http://www.youtube.com/watch?v=N7oz366X0-8&feature=mfu_in_order&list=UL. El marco lo elabora desde una perspectiva ecológica de sistemas.

El marco especifica cuatro tipos de sistemas que se definen en función de las capacidades y objetivos de la decisión en relación con el contexto de la situación y nuestro saber en relación con ese contexto: si tenemos confianza en ambas tratamos con certezas conocidas. Si conocemos la situación pero no tenemos certeza sobre las consecuencias de la decisión, tratamos con lo certezas desconocidas. Si sabemos que nuestra decisión no dañará y nos ayudará a saber lo que es posible, entonces tratamos con lo incógnitas desconocidas. Por último, también nos encontramos en situaciones en las que tratamos con lo incógnitas desconocidas.

Cuando nos encontramos en un sistema donde existen relaciones de causa efecto visibles, este es simple y la actuación implica la construcción del sentido, la elaboración de categorías y una respuesta. Se trata de una situación donde podemos prever los resultados de nuestra acción. Cuando en el sistema existen relaciones de causa efecto, pero no son evidentes, estamos en un sistema complicado y la actuación implica la construcción del sentido, un análisis de los diferentes elementos en juego y una respuesta. En un sistema donde las relaciones de causa efecto son obvias , pero sólo en retrospectiva y con resultados impredecibles y emergentes, éste es un sistema complejo y la actuación consiste en explorar para probar, construir sentido en función de lo que va sucediendo y respuesta. En un sistema caótico no pueden determinarse las relaciones de causa efecto y por eso la toma de decisiones implica actuar asegurando que las actuaciones no implicarán daño alguno, construir sentido y responder, siempre paso a paso y poco a poco.

Snowden elaboró este marco, junto con un método para trabajarlo dentro de las organizaciones y con el propósito de construir una cultura común a través de narrativas contadas por los miembros de la organización. Asegura que la constitución de una cultura común (y un lenguaje común, claro) añade un nivel de confianza en las actuaciones determinante. creo que este marco puede ser de ayuda para planear propuestas educativas en un contexto de abundancia y apertura, siempre y cuando se enfríe la mala SOPA que algunos pusieron a calentar. Cuando el profesor asume que sigue siendo el centro del saber dentro de un aula en donde la propuesta educativa le pide a los alumnos ceñirse a los límites propios de ese profesor y de la institución que lo cobija, el sistema es aparentemente simple, se actúa como si las relaciones de causa efecto fueran visibles; sin embargo, aún en aquellos tiempo es que eso era posible, el sistema contiene cierto grado de complejidad que incluye las historias personales y el conjunto de relaciones de cada una d las personas que participan en el proceso educativo. Cuando este dato se asume y, además, se le añade la abundancia de información, la descentralización del saber en el profesor y la variedad de interacciones del alumno a través de las redes sociales, la situación es altamente compleja, cuando no caótica. De aquí que una propuesta formativa que incorpora en sus procesos la construcción social del saber apoyándose en las redes informáticas requiere de acciones experimentales y actuaciones cuidadosas que permitan crear un contexto de asociaciones en donde el alumno comience a tejer su propio saber y su propia red.

Aprendizaje Lento

Esta semana, en #Change11, nos visita Clark Quinn, quien durante los últimos 20 años se ha dedicado al desarrollo de juegos para educación dentro de diversas organizaciones. La primera declaración que hace es que está convencido de que la educación puede ser … ¿cómo traducir la palabra “fun” con su mayor sentido para la educación? Hace algunos años leí un libro que describía la construcción de una presa a principios del siglo pasado. Los ingenieros decían que iban a divertir el río para poder colocar la cortina de la presa. En su libro “La Risa”, Bergson la explica de una manera similar al describirla como un cambio en el sentido que se opone al curso del discurso. Bueno, todo esto para decir que yo también estoy convencido de que la educación puede ser “fun”, si por ello entendemos ejercitar de manera constante los cambios de rumbo en la forma de pensar el modo en que vemos y hacemos las cosas; si lo entendemos como algo retador, entretenido, placentero y que no coloca en un camino del que no queremos salir porque nos interesa y nos enriquece.

La segunda afirmación que hace y en la que estoy de acuerdo, es que como profesores, nuestro asunto no está puesto en el diseño de contenidos; y conviene reconocer que con frecuencia eso es lo que creemos más importante; sino en el diseño de experiencias. Quinn las define como aquellas situaciones en las que el aprendiz tiene que tomar decisiones, comprender por qué son importantes esas decisiones, desear llevar a cabo esas decisiones, y conocer que hay consecuencias en esas decisiones. Me parece que esta definición está bien para un juego simulado donde el aprendiz actúa, es una definición que bien pudiera adecuarse al ámbito de lo que se ha llamado las competencias laborales. Concuerdo con la afirmación central: diseñamos experiencias, pero unas en que además de tomar decisiones, la persona va incorporando los elementos de su entorno, y de los objetos con los que se encuentra y manipula con uno o varios sentidos. Incorporar en el sentido de hacerlo cuerpo, hacerlo mi cuerpo y dar cuerpo al modo de ver el mundo.

En otro momento, Quinn hace una pregunta interesante: ¿cuál sería mi situación educativa ideal? Y, al empezar a responderla, me doy cuenta de que concuerda, quizás, con lo vivido este año: un momento en el que me propongo actualizarme y resolver (resolver, pensar, imaginar, proponer, desarrollar) el asunto de la educación y los medios digitales.

Me encuentro con información relevante de personas que están pensando el tema… con personas que abren sus puertas para dialogar esto… con propuestas organizadas para conversar: ECI831, EPCOP, Change11…  un equipo cercano, y físicamente presente, con quien dialogar lo que voy encontrando, otros colegas, también cercanos con otras áreas de interés, amigos, una institución que quiere proponer algo sobre esto y a la que estoy adscrito, el tiempo suficiente para hacerlo… y un entorno para experimentar.

¿Qué me ha faltado? Creo que viajar para establecer diálogos con otras personas en entornos diferentes, por Latinoamérica, Europa y Norteamérica (o quizás viajar nomás por viajar). Quizás haberme propuesto escribir un libro… elaborar lo mío propio a manera de teoría o perspectiva, aunque en esas ando. Observar otras propuestas en acción… son cosas que requieren de mayor tiempo y recursos económicos; pero no son indispensables… y quizás (de alguna manera lo he tenido en varias personas) alguien que me ayude a preguntar más.

Quinn habla de no hacer diferencias entre trabajo y aprendizaje… y me llama la atención que el escenario que he dibujado reúne precisamente eso. A lo largo de la vida vamos haciéndonos preguntas que nos colocan en la posición de indagar, de aprender a hacer tal o cual cosa, de saber de algo y pensar más allá de lo sabido en cada momento. En el tiempo en que hacía el doctorado, me dic cuenta de que todas las preguntas tienen relación entre ellas, que van abarcando un campo que nunca es unidisciplinar y que tiene efectos y ámbitos profesionales que se entrecruzan.

El aprendizaje en un escenario como este es pausado, lento. Es necesario ir rumiando las cosas para detectar su múltiples sentidos y dimensiones. Las estructuras de aprendizaje cerradas no dirigen por un camino así a las personas, por eso creo que en importante y necesario pensar nuevamente los escenarios y las situaciones para diseñar experiencias.

El aprendizaje: nómada y rizoma

El aprendizaje como rizoma

El martes de la semana pasada, Dave Cormier estuvo presente en el curso de Alec Couros, de la Regina University, sobre Educación Abierta y Medios Digitales Sociales. Esta semana estará en el curso #Change11, dirigido por Geroge Siemens, Stephen Downs y Dave Cormier. Durante su conversación, porque fue eso y no una mera presentación, habló del aprendizaje “rizomatico”, basado en el trabajo de Deleuze y Guattari, lo que me pareció muy interesante.

La conversación inició con la pregunta ¿por qué educamos, o por qué estamos en esto de la educación? Los participantes dimos varias respuestas, entre ellas algunos dirigidas a la formación de competencias, que aprendan a pensar y cosas así. Creo que todas ellas son válidas y que lo más importante es que cada uno pueda decir sus razones y crea en ellas.

Yo lo veo de esta manera: los humanos nos pasamos buena parte de la vida aprendiendo sobre el mundo que vivimos y compartiendo nuestro saber con los demás, particularmente con aquellos que van llegando y se harán cargo del mundo humano. Así pues, en la medida en que este compartir el mundo que conocemos ayude a construir un mejor mundo, encuentro sentido en la formación. Cuando hablo de un mundo mejor me refiero a uno más cuidado, cada vez más habitable por todos los seres vivos que en él estamos; y con condiciones de sustentabilidad a la manera en que la describe Amartya Sen: todo lo que se requiera para la preservación, y si es posible la extensión, de las libertades y capacidades sustantivas de la gente hoy, es decir, “sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de tener una libertad mayor o igual”. Vale la pena revisar cómo lo hacemos cada uno de nosotros y como grupos de profesores.

Para lograr este propósito ayuda comprender cómo aprendemos. Ayuda revisar nuestra propia experiencia. Aprendemos lo que nos interesa, independientemente de los motivos de ese interés. En la estructura humana no está el tiempo para aprender de manera forzosa esto o aquello, sino una trayectoria de vida que, según los contextos, nos mueve a aprender determinada cosa. Cormier llama a nómadas a aquellos que así lo hacen: un pensador creativo que hace su propio camino aprendiendo a lo largo de la vida según sus necesidades y gustos: todos somos nómadas, no todos nos comportamos como tales.

Entonces, por qué no proponer una formación que aliente este modo de ser y proceder. Cormier asegura que el mundo en red, tecnologías y personas, consolidan cambios en la educación. De una educación en donde se privilegia la memoria a otra donde se privilegia el conocimiento y la capacidad para acceder a él. De la repetición como modo de fijar las cosas en las personas al fluir como forma de ir construyendo el saber. Del empaquetado del saber en libros al conocimiento distribuido y dinámico, pone como ejemplo este sitio de “Archivos vivos”.

La metáfora para este aprendizaje es el rizoma, esa raíz que crece indefinidamente y que va creando sus propias ramificaciones. El crecimiento es posible porque se da en un lugar abierto, vamos, donde es posible ese crecimiento porque no hay obstáculos absolutos permanentes. El aprendizaje rizomático es negociación de conocimiento, aprendizaje abierto, dirigido por cada uno y por todos, caótico y difícil de evaluar y prever, va más allá de la memoria y es a lo largo de la vida. Es aprendizaje nómada.

¿Cómo hacer para convertir las escuelas en campos donde crezcan los aprendizajes y los nómadas puedan explorar?